martes, 19 de enero de 2010

A propósito del matrimonio homosexual



Fueron resonantes los cruces entre los sectores que se opusieron (y se oponen) al matrimonio entre personas de un mismo sexo y aquellos sectores que, en cambio, defienden este derecho. No voy a discutir los tecnicismos legales del Código Civil porque no soy abogada y desconozco las especificidades del texto; pero si de algo puedo dar mi punto de vista es sobre la igualdad de derechos. Por eso me pregunto, ¿qué es la ciudadanía plena sino la combinación del ejercicio de derechos civiles y político? Y esta pregunta no es en vano.


Para que dentro de un Estado y, sobre todo, dentro del propio tejido social no existan ciudadanos de primera y de segunda clase, todos deben tener acceso al mismo tipo (y a la misma “cantidad”) de derechos. Es decir, si una parte de la población - dividámoslo extremamente en un 50 y un 50 por cien - puede ejercer libremente sus derechos civiles y políticos mientras que la otra mitad no puede hacerlo, entonces, en esa sociedad hay ciudadanos de primera y de segunda.


El verdadero debate detrás de la legalidad o ilegalidad del matrimonio homosexual está en la igualdad de derechos, esto es, la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan adoptar niños, heredar, tener la potestad sobre el otro en caso de decisiones extremas, pongamos por caso una hospitalización, etc. Hasta aquí, la Unión Civil no se los permite puesto que no tiene la misma jerarquía que un matrimonio. Ni que hablar de la condena social; pero eso es tema para otra entrada.


He escuchado, en lo que duró el debate sobre si Alex y José María podían o no contraer matrimonio, cosas como “esto representa el fin de la sociedad”, “es una aberración que dos hombres o dos mujeres quieran casarse legalmente”, y otras frases plagadas de gran contenido progresista. La verdad, ninguna de las dos cosas es cierta. Allá por la década del 50 cuando el gobierno del General Perón sancionó la ley de Divorcio, los sectores “progresistas” de entonces también proclamaron el fin de la sociedad argentina y, como suele ocurrirles a todas las profecías suicidas, esto, finalmente, no ocurrió. Las parejas siguieron contrayendo matrimonio (o no) y, si bien algunas optaron por el divorcio, nada deshizo la estructura social. Bien, el matrimonio homosexual entra en este mismo campo de discusión. Lo que deben entender los sectores opositores es que el hecho de que se apruebe el matrimonio entre personas del mismo sexo no significará que aquellas personas que hayan hecho una elección de vida heterosexual saldrán corriendo a buscar una pareja de su mismo sexo para poder casarse solamente porque, ahora, es legal. Es algo básico y poco complicado de entender.


Retomando un poco lo dicho anteriormente sobre los derechos civiles y políticos, si solo una parte de la sociedad tiene acceso a ambos, significa que la otra parte sirve, solamente, para engrosar las filas en los padrones electorales porque solo les pide que vayan a votar y participen libremente en política; eso sí, no pidan más porque la otra mitad de la sociedad tiene la potestad exclusiva de ejercer derechos civiles.


Ahora bien, fíjense que todo el debate se reduce solamente a una cuestión terminológica. Dije que no iba a discutir lo puntual del Código Civil porque desconozco el texto pero, aparentemente, es cuestión de cambiar los términos “hombre - mujer” por “contrayentes”, categoría que incluiría a las parejas homosexuales. Claro, siempre aparecen comentarios pronunciados por (pseudo)periodistas que se preguntan “si se cambiara el término por <>, ¿puedo casarme con mi perro, entonces?” Pero si tuviésemos que escuchar esa clase de genialidades para llevar a cabo un debate coherente, finalmente, no llegaríamos a nada; sobre todo si pensamos que estos mediocres profesionales no tienen en cuenta la parte de CIVIL del Código. Hasta ahora no he tenido noticias de que un animal, sea cual fuere su especie, sea considerado una persona.


En definitiva, cualquiera sea el atisbo por demostrar un poco de progresismo y de voluntad para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos intentará ser derribado con fundamentos de antaño por los sectores pacatos de siempre. Por eso necesitamos más “Fabianas Rios” en la gestión pública. Pensemos por un momento que si dejamos que la gente sea feliz, tanto mejor marcharán las cosas.


Quisiera, por último, recordarles a esos defensores de la moral Occidental, que en la Antigua Grecia y en Roma, de donde proviene el Derecho que tanto pregonan y defienden, el amor era entre iguales (hombre y hombre) puesto que la mujer era considerada un ser inferior y solamente servía para la reproducción y multiplicación de los soldados disponibles en el ejército del Imperio.


viernes, 8 de enero de 2010

Volviendo al contacto

Luego de un largo tiempo sin estar en contacto, vuelvo para decirle a los lectores de este blog que, finalmente, he solucionado mi problema informático y he recuperado mi herramienta de trabajo.

Les hago llegar mis mejores deseos para este nuevo año que ha comenzado y espero que todos vuestros sueños lleguen a hacerse realidad.

Aprovecho, también, para disculparme por la ausencia y prometo ponerme al día con las entradas.

Les agradezco a todos.