
Una vez más, las acciones del Jefe de Gobierno de la Ciudad en la mira. Esta vez, no tiene que ver con obras públicas, ni con educación ni con salud. La nueva y brillante idea es que la Policía Metropolitana utilice armas con descarga eléctrica como método de “disuasión“. Claro, esta estrategia salvó al mundo de volar en micro partículas durante la Guerra Fría pero lo que falta, ahora, es la amenaza atómica.
Algún desprevenido puede decir, si de disuasión se trata no está mal que las porten y, además, puede que eviten las balaceras en la calle. Sí, pero el problema es que no tienen como fin la disuasión sino que han sido adquiridas para ser utilizadas. Nadie que compra un arma la olvida en un cajón; todo lo contrario, quien posee un arma está dispuesto a usarla. Por otro lado, poco tienen las Taser X26 de disuasivas. No por nada el Comité contra la Tortura y el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas cuestionaron su uso por considerarlas un método de tortura.
Debido a estas consideraciones sobre la peligrosidad y letalidad que caracteriza a las Taser, Amnistía Internacional instó al Jefe de Gobierno que desistiera de la utilización de las mismas y, un vocero de la organización recalcó que en un estudio realizado sobre 100 personas que fueron víctimas de este tipo de armas, la mayoría de ellas no se encontraban en una situación que justificase suficientemente el uso de los 50 mil voltios que puede descargar. Además, Amnistía contabilizó 334 muertes relacionadas a estas armas entre 2001 y 2007.
Por su parte, los legisladores de Proyecto Sur habían denunciado a principio de año, también, la adquisición de cinco escopetas Peper Ball - que lanzan gas pimienta. Fabio Basteiro, jefe de bloque de este partido, advirtió que no tendrían inconvenientes de elevar el caso a la justicia nacional e, incluso, a Naciones Unidas para frenar la incorporación de este armamento al cuerpo de policía.
Efectivamente, y tal como lo declarara el Ministro porteño de Justicia Guillermo Montenegro, hay más muertes por arma de fuego que por Taser, pero lo que el Ministro olvida es que el abuso de la descarga puede resultar letal y, lamentablemente, la policía argentina en todas sus jurisdicciones carece de discreción a la hora de discernir cuándo se está abusando de un arma y cuándo no. En diálogo con el diario Página 12, el Ministro declaró que estas armas
“se van a utilizar en situaciones de dementes, violencia doméstica y suicidas. Es para cuidarle la vida a la persona. No se van a utilizar en las manifestaciones”[1]. Quien no dudó en responder fue el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien sostuvo que “si eso va a servir para reducir las protestas sociales, estoy decididamente en contra”.Si bien Montenegro justificó la adquisición de las Taser como de simple prueba y subrayó el uso de las mismas en varias ciudades importantes del mundo (Miami, París, Chicago y Nueva York), las críticas vienen por el lado de que Argentina aun no está preparada para incorporar tecnología semejante. Y la última que lo hizo sirvió como método de tortura para obtener información sobre supuestos grupos e individuos considerados subversivos.
Suficiente con los datos periodísticos. Si bien ayudan al lector a tener una comprensión global del debate sobre las Taser, no analizan el trasfondo de lo que se supone combatirán. Sostuve en otro lado[2], que el hecho delictivo en sí solamente es un síntoma de un problema mucho más estructural. Un ilícito, sea cual fuere su tipo y magnitud, es el resultado de una conjunción de diversos factores que impulsan a determinados individuos a cometerlos. Por supuesto no niego que existan algunas condiciones psicopatológicas que potencien algunos crímenes (homicidio, violación, etc.) pero eso no es materia de análisis aquí.
La situación de inseguridad tiene sus orígenes en problemas sociales más profundos como la pobreza, el desempleo creciente, la imposibilidad de acceso a la educación formal, las necesidades básicas insatisfechas y los ítems en la lista podrían seguir. Con esto quiero indicar que, entonces, la mejor manera de erradicar definitivamente el delito no tiene que ver con el aumento de efectivos en la calles ni mucho menos con la incorporación de armas de última tecnología que, además, supongan un retroceso político y social de más de 30 años, puesto que está nuevamente surgiendo la teoría de los “Dos Demonios” (donde ahora los términos están ocupados por la sociedad vs. los delincuentes, y viceversa). El fin de la criminalidad, o al menos su reducción en porcentaje, podría lograrse con un mayor y mejor nivel de escolarización y la creación de fuentes de trabajo reales, estables y de calidad que supongan una posibilidad fehaciente de progreso y desarrollo, personal y social, así como una mayor inclusión. Ya es suficiente la violencia a la que están sometidos aquellos que han quedado excluidos de la sociedad como para que, encima, les toque ahora tener que soportar cincuenta mil voltios a manos un grupo de tareas que ni siquiera posee un poder de policía real.Por eso, no dejemos que la innovación tecnológica nos obnubile. Estamos en condiciones de tener acceso a los más altos niveles tecnológico pero prioricemos la tecnología a favor de las personas y no en contra de ellas.
[1] http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-139125-2010-01-27.html
[2] http://www.facebook.com/andita.torres#!/note.php?note_id=50160424566

Hola Andrea
ResponderEliminarYo creo las energias acumuladas y mal encaminadas de los ciudadanos desocupados se puede canalizar a traves de actividades artisticas , musicales y deportivas en las que el ciudadano forme parte ,se intergre y sinergize con su entorno social.No hay nada que genere mas retorno positivo que hacer música en grupo.Beso