martes, 9 de febrero de 2010

La vuelta de la picana en un marco de “legalidad”



Una vez más, las acciones del Jefe de Gobierno de la Ciudad en la mira. Esta vez, no tiene que ver con obras públicas, ni con educación ni con salud. La nueva y brillante idea es que la Policía Metropolitana utilice armas con descarga eléctrica como método de “disuasión“. Claro, esta estrategia salvó al mundo de volar en micro partículas durante la Guerra Fría pero lo que falta, ahora, es la amenaza atómica.


Algún desprevenido puede decir, si de disuasión se trata no está mal que las porten y, además, puede que eviten las balaceras en la calle. Sí, pero el problema es que no tienen como fin la disuasión sino que han sido adquiridas para ser utilizadas. Nadie que compra un arma la olvida en un cajón; todo lo contrario, quien posee un arma está dispuesto a usarla. Por otro lado, poco tienen las Taser X26 de disuasivas. No por nada el Comité contra la Tortura y el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas cuestionaron su uso por considerarlas un método de tortura.


Debido a estas consideraciones sobre la peligrosidad y letalidad que caracteriza a las Taser, Amnistía Internacional instó al Jefe de Gobierno que desistiera de la utilización de las mismas y, un vocero de la organización recalcó que en un estudio realizado sobre 100 personas que fueron víctimas de este tipo de armas, la mayoría de ellas no se encontraban en una situación que justificase suficientemente el uso de los 50 mil voltios que puede descargar. Además, Amnistía contabilizó 334 muertes relacionadas a estas armas entre 2001 y 2007.


Por su parte, los legisladores de Proyecto Sur habían denunciado a principio de año, también, la adquisición de cinco escopetas Peper Ball - que lanzan gas pimienta. Fabio Basteiro, jefe de bloque de este partido, advirtió que no tendrían inconvenientes de elevar el caso a la justicia nacional e, incluso, a Naciones Unidas para frenar la incorporación de este armamento al cuerpo de policía.


Efectivamente, y tal como lo declarara el Ministro porteño de Justicia Guillermo Montenegro, hay más muertes por arma de fuego que por Taser, pero lo que el Ministro olvida es que el abuso de la descarga puede resultar letal y, lamentablemente, la policía argentina en todas sus jurisdicciones carece de discreción a la hora de discernir cuándo se está abusando de un arma y cuándo no. En diálogo con el diario Página 12, el Ministro declaró que estas armas “se van a utilizar en situaciones de dementes, violencia doméstica y suicidas. Es para cuidarle la vida a la persona. No se van a utilizar en las manifestaciones”[1]. Quien no dudó en responder fue el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, quien sostuvo que “si eso va a servir para reducir las protestas sociales, estoy decididamente en contra”.


Si bien Montenegro justificó la adquisición de las Taser como de simple prueba y subrayó el uso de las mismas en varias ciudades importantes del mundo (Miami, París, Chicago y Nueva York), las críticas vienen por el lado de que Argentina aun no está preparada para incorporar tecnología semejante. Y la última que lo hizo sirvió como método de tortura para obtener información sobre supuestos grupos e individuos considerados subversivos.


Suficiente con los datos periodísticos. Si bien ayudan al lector a tener una comprensión global del debate sobre las Taser, no analizan el trasfondo de lo que se supone combatirán. Sostuve en otro lado[2], que el hecho delictivo en sí solamente es un síntoma de un problema mucho más estructural. Un ilícito, sea cual fuere su tipo y magnitud, es el resultado de una conjunción de diversos factores que impulsan a determinados individuos a cometerlos. Por supuesto no niego que existan algunas condiciones psicopatológicas que potencien algunos crímenes (homicidio, violación, etc.) pero eso no es materia de análisis aquí. La situación de inseguridad tiene sus orígenes en problemas sociales más profundos como la pobreza, el desempleo creciente, la imposibilidad de acceso a la educación formal, las necesidades básicas insatisfechas y los ítems en la lista podrían seguir. Con esto quiero indicar que, entonces, la mejor manera de erradicar definitivamente el delito no tiene que ver con el aumento de efectivos en la calles ni mucho menos con la incorporación de armas de última tecnología que, además, supongan un retroceso político y social de más de 30 años, puesto que está nuevamente surgiendo la teoría de los “Dos Demonios” (donde ahora los términos están ocupados por la sociedad vs. los delincuentes, y viceversa). El fin de la criminalidad, o al menos su reducción en porcentaje, podría lograrse con un mayor y mejor nivel de escolarización y la creación de fuentes de trabajo reales, estables y de calidad que supongan una posibilidad fehaciente de progreso y desarrollo, personal y social, así como una mayor inclusión. Ya es suficiente la violencia a la que están sometidos aquellos que han quedado excluidos de la sociedad como para que, encima, les toque ahora tener que soportar cincuenta mil voltios a manos un grupo de tareas que ni siquiera posee un poder de policía real.


Por eso, no dejemos que la innovación tecnológica nos obnubile. Estamos en condiciones de tener acceso a los más altos niveles tecnológico pero prioricemos la tecnología a favor de las personas y no en contra de ellas.

[1] http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-139125-2010-01-27.html

[2] http://www.facebook.com/andita.torres#!/note.php?note_id=50160424566

martes, 19 de enero de 2010

A propósito del matrimonio homosexual



Fueron resonantes los cruces entre los sectores que se opusieron (y se oponen) al matrimonio entre personas de un mismo sexo y aquellos sectores que, en cambio, defienden este derecho. No voy a discutir los tecnicismos legales del Código Civil porque no soy abogada y desconozco las especificidades del texto; pero si de algo puedo dar mi punto de vista es sobre la igualdad de derechos. Por eso me pregunto, ¿qué es la ciudadanía plena sino la combinación del ejercicio de derechos civiles y político? Y esta pregunta no es en vano.


Para que dentro de un Estado y, sobre todo, dentro del propio tejido social no existan ciudadanos de primera y de segunda clase, todos deben tener acceso al mismo tipo (y a la misma “cantidad”) de derechos. Es decir, si una parte de la población - dividámoslo extremamente en un 50 y un 50 por cien - puede ejercer libremente sus derechos civiles y políticos mientras que la otra mitad no puede hacerlo, entonces, en esa sociedad hay ciudadanos de primera y de segunda.


El verdadero debate detrás de la legalidad o ilegalidad del matrimonio homosexual está en la igualdad de derechos, esto es, la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan adoptar niños, heredar, tener la potestad sobre el otro en caso de decisiones extremas, pongamos por caso una hospitalización, etc. Hasta aquí, la Unión Civil no se los permite puesto que no tiene la misma jerarquía que un matrimonio. Ni que hablar de la condena social; pero eso es tema para otra entrada.


He escuchado, en lo que duró el debate sobre si Alex y José María podían o no contraer matrimonio, cosas como “esto representa el fin de la sociedad”, “es una aberración que dos hombres o dos mujeres quieran casarse legalmente”, y otras frases plagadas de gran contenido progresista. La verdad, ninguna de las dos cosas es cierta. Allá por la década del 50 cuando el gobierno del General Perón sancionó la ley de Divorcio, los sectores “progresistas” de entonces también proclamaron el fin de la sociedad argentina y, como suele ocurrirles a todas las profecías suicidas, esto, finalmente, no ocurrió. Las parejas siguieron contrayendo matrimonio (o no) y, si bien algunas optaron por el divorcio, nada deshizo la estructura social. Bien, el matrimonio homosexual entra en este mismo campo de discusión. Lo que deben entender los sectores opositores es que el hecho de que se apruebe el matrimonio entre personas del mismo sexo no significará que aquellas personas que hayan hecho una elección de vida heterosexual saldrán corriendo a buscar una pareja de su mismo sexo para poder casarse solamente porque, ahora, es legal. Es algo básico y poco complicado de entender.


Retomando un poco lo dicho anteriormente sobre los derechos civiles y políticos, si solo una parte de la sociedad tiene acceso a ambos, significa que la otra parte sirve, solamente, para engrosar las filas en los padrones electorales porque solo les pide que vayan a votar y participen libremente en política; eso sí, no pidan más porque la otra mitad de la sociedad tiene la potestad exclusiva de ejercer derechos civiles.


Ahora bien, fíjense que todo el debate se reduce solamente a una cuestión terminológica. Dije que no iba a discutir lo puntual del Código Civil porque desconozco el texto pero, aparentemente, es cuestión de cambiar los términos “hombre - mujer” por “contrayentes”, categoría que incluiría a las parejas homosexuales. Claro, siempre aparecen comentarios pronunciados por (pseudo)periodistas que se preguntan “si se cambiara el término por <>, ¿puedo casarme con mi perro, entonces?” Pero si tuviésemos que escuchar esa clase de genialidades para llevar a cabo un debate coherente, finalmente, no llegaríamos a nada; sobre todo si pensamos que estos mediocres profesionales no tienen en cuenta la parte de CIVIL del Código. Hasta ahora no he tenido noticias de que un animal, sea cual fuere su especie, sea considerado una persona.


En definitiva, cualquiera sea el atisbo por demostrar un poco de progresismo y de voluntad para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos intentará ser derribado con fundamentos de antaño por los sectores pacatos de siempre. Por eso necesitamos más “Fabianas Rios” en la gestión pública. Pensemos por un momento que si dejamos que la gente sea feliz, tanto mejor marcharán las cosas.


Quisiera, por último, recordarles a esos defensores de la moral Occidental, que en la Antigua Grecia y en Roma, de donde proviene el Derecho que tanto pregonan y defienden, el amor era entre iguales (hombre y hombre) puesto que la mujer era considerada un ser inferior y solamente servía para la reproducción y multiplicación de los soldados disponibles en el ejército del Imperio.


viernes, 8 de enero de 2010

Volviendo al contacto

Luego de un largo tiempo sin estar en contacto, vuelvo para decirle a los lectores de este blog que, finalmente, he solucionado mi problema informático y he recuperado mi herramienta de trabajo.

Les hago llegar mis mejores deseos para este nuevo año que ha comenzado y espero que todos vuestros sueños lleguen a hacerse realidad.

Aprovecho, también, para disculparme por la ausencia y prometo ponerme al día con las entradas.

Les agradezco a todos.

martes, 15 de septiembre de 2009

Esa lejana Africa

Esta vez quisiera tomarme un momento y reflexionar un poco sobre algunas cuestiones referidas a la situación en África. No voy a escribir un ensayo acerca de los incontables conflictos que suceden por aquellas latitudes porque eso significaría, sin duda, escribir un libro y tal vez en varios tomos. Lo que quisiera, al menos en este breve espacio, es esbozar un panorama muy general de lo que allí sucede.

Me encuentro asistiendo a un seminario sobre Conflictos Armados Contemporáneos organizado por la ANU-AR (Asociación para Naciones Unidas de la República Argentina) y, casualmente en la conferencia de hoy (15 de septiembre), se trataron los conflictos que se localizan en el denominado "Cuerno de África" (principalmente Somalía, Sudan, Kenia, Eritrea, Etiopía, Djibouti y, siendo un poco más abarcativa, Uganda).

En primer lugar voy a hacerme cargo de algo: es muy poco lo que conozco sobre la realidad africana y creo que esto radica en dos motivos fundamentales, por un lado, no es un continente ni una problemática que se utilice como caso de estudio en el ámbito académico y, por otro lado, es poca la información fehaciente que circula. Claro que Internet ayuda un poco a salvar esa falencia pero el desinterés por el África es lamentablemente notable. Dejo esa discusión para otro momento.

Verdaderamente, la primera pregunta que uno puede hacerse es (y formulada en términos muy sencillos) ¿y nosotros de qué nos quejamos? Cuando en Argentina discutimos sobre si la (nueva) ley de Radiodifusión es pertinente o no, en Sudan, por ejemplo, las discusiones rondan en torno a si el sur debería ser considerado para conformar la Asamblea Nacional o no, o cómo hacer para que el Referéndum de 2010 no disponga la escisión de Darfur del resto del país, o cómo evitar que el Referéndum de 2011 otorgue la independencia al sur sudanés; también, la comunidad internacional discute si lo que está sucediendo en el país africano puede o no ser considerado un genocidio. Estados Unidos, por su parte, considera que no es un genocidio porque no es una única etnia la que está siendo aniquilada sino que simultáneamente están limpiándose varias. [Cabe recordar que el conflicto en Darfur, por ejemplo, se da entre árabes y no árabes y que la población es por entero musulmana; pero en el resto de Sudan, lo que hay son enfrentamientos étnicos entre cristianos -sur - y musulmanes -norte - por el manejo de los recursos naturales estratégicos, fundamentalmente, el agua.]

A todo esto se le suman otros dos factores: el petróleo, que primero sirvió al gobierno central como cuenta corriente para conseguir más dinero y, luego, fue concesionado a empresas extranjeras; por otro lado, el conflicto con el vecino Chad que originalmente surgió a raíz de los desplazados que el conflicto en Darfur provocó. Miles de sudaneses huyeron hacia territorio chadiano pero no solo cruzaron los refugiados, también lo hicieron las milicias. El descontento con el gobierno chadiano por parte de algunos grupos locales abrió la oportunidad a las milicias sudanesas para aliarse con esos sectores insurgentes y así planear el derrocamiento del presidente. Esta conspiración fue lo que detonó la declaración de guerra. Si bien el conflicto está hoy terminado, el antecedente pesa.

Ni que hablar de las cifras de muertos. No quiero abrumar al lector con esos datos porque realmente son deslumbrantes teniendo en cuenta la cifra total de habitantes.

Ocuparía muchas más líneas exponer el caso sudanés completo porque el conflicto no se reduce a la zona de Darfur. Como todo conflicto armado representa una realidad compleja y multifactorial. Por lo pronto la intención de este breve comentario es originar curiosidad en el lector. Curiosidad por saber qué pasa más allá de la CNN o del Washintong Post. Curiosidad para investigar y poner el ojo sobre el continente africano y funcionar como observatorio, aunque más no sea que para deleite propio. Curiosidad para salir a buscar más información y poder estar al corriente de esa realidad olvidada. Podrán saltar voces diciendo "primero está la realidad nacional" y, dejenme decirles que tienen razón, no es posible entender al resto del mundo si primero no entendemos nuestro propio entorno. Pero saber qué pasa en otros lugares del globo hace que levantemos la cabeza de nuestro propio ombligo y seamos más solidarios con los demás. Al menos podremos condenar las barbaridades que se llevan a cabo a diario en otras latitudes.

Y, por supuesto, no dejen de mirar hacia otros conflictos que sucenden en África como Rwanda, Somalía, Burundi, Sudáfrica, República del Congo, Uganda, y otros.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Presentación

Este espacio no está dedicado exclusivamente a personas que provengan del área o que posean estudios en Ciencia Política o en Relaciones Internacionales, por eso la intención del mismo es tratar de difundir ambas disciplinas aclarando conceptos y asentando panoramas.

Es necesario que quede bien claro que no se trata de una escritura dogmática, es decir, no soy una autoridad en la materia y por ende no considero que todo deba ser interpretado como la verdad revelada. Simplemente me dedico a esto y quiero contribuir, a mi modo, al flujo de información... mientras más sean los puntos de vista sobre un mismo tema, mejor será la interpretación del mismo.

Por otro lado, y esto es un objetivo más egoísta, me servirá para poner en práctica esa otra veta de mi profesión que por tanto tiempo relegué: la escritura. Más allá de algunos parciales domiciliarios o alguna que otra monografía, nunca tuve el tiempo suficiente como para dedicarme a escribir sobre algún tema de interés que no respondiese a consignas asignadas por el profesor.

Por todo esto, les doy la bienvenida a Westphalia y espero poder contar con sus comentarios (a favor o en contra siempre que guardemos el respeto entre nosotros) y también espero que les agrade la información aquí contenida y les ayude a entender un poco más la (muy compleja) realidad internacional que nos toca vivir.